CAPITULO 54
«El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.» VICTOR HUGO
Paula había salido de compras. Estaba ilusionada probándose vestidos, zapatos y todo lo que necesitaba para la boda. Lamentaba mucho no tener a Amelia, a Eduardo y a mamina junto a ella, pero estaba segura de que todos sabrían comprender.
Aprovechando que ella no estaba, Pedro había llamado a Alejandro por teléfono. Sentía que su pecho iba a estallar si no hablaba de todo lo que le estaba pasando con alguien. Se sentía parado sobre un campo minado en el que no podía darse el lujo de dar un paso en falso. Esa sensación de exposición no era porque no estuviera seguro de lo que debía hacer. Ni mucho menos se trataba del paso que estaba a punto de dar junto a Paula. Nada tenía que ver con los sucesos de su vida, sino más bien con el miedo de no poder proteger a quienes ahora estaban bajo su responsabilidad.
Nada era seguro. Su vida y la de Paula, quien se había transformado en su valiosa compañera, estaba señalada por porcentajes y datos médicos nada certeros. Salvar a su hijo se había vuelto su prioridad.
—No puedo creer todo lo que me estás diciendo.
—Créelo. Yo estoy empezando a asimilarlo. Todos estos días he estado viviendo dentro de una maldita pesadilla. Saber que tengo un hijo y al mismo tiempo enterarme de que en cualquier momento puedo perderlo, no se lo deseo a nadie. Alejo es un niño brillante, y verlo pasar por todo esto a su corta edad me pone la piel de gallina. Me quita el aliento tener la certeza de que nada de lo que puedo hacer es verdaderamente seguro para devolverle su calidad de vida, pero aun así no puedo dejar de intentarlo.
—Pero, ¿cómo está el niño?
—Su alopecia por la quimioterapia lo hace parecer muy frágil, claro; más allá de eso, tiene anemia, un consecuencia lógica del tratamiento. Y cuando llegué, tuvo una grave infección que por suerte se pudo controlar. Todo son efectos secundarios, ya que la quimio destruye células de su médula y eso se suma a las que ya no le funcionan. Se cansa con facilidad. Días atrás se quejaba mucho porque le dolían los músculos y los huesos. Ahora parece haberse recuperado. Ayer le aparecieron moretones en la piel. A medida que pasan los días me voy asombrando de la transformación de su aspecto. Y lo peor de todo es que es como luchar contra un fantasma: se sabe mucho de la enfermedad, pero nada de lo que se pueda hacer es seguro. Se trata de un proceso incierto, porque, a pesar de que en muchas personas los tratamientos funcionan, en otras no.
—No puedo creer que cuando volvisteis a veros Rebecca no te lo dijera. ¿Cómo pensaba conseguir tu semen si no hablaba contigo? Y si lo hacía, ¿cómo creyó que podría desaparecer de tu vida?
— Me he hecho esa pregunta desde que llegué y me enteré de todo. Hace casi una semana que no puedo hacer otra cosa más que preguntarme eso. Y sigo sin encontrarle explicación, aunque se me ocurre que tal vez ella iba a arriesgarse a quedar embarazada sin que yo lo supiera. Un hermano “histocompatible” es lo ideal, pero supongo que lo habría intentado con uno que no fuera de diseño. Sabiendo cómo era mi vida antes de estar con Paula, creo que tal vez habría conseguido meterme en su cama.
—Yo también estoy seguro de que lo habría conseguido.
—Rebecca estaba convencida de que yo nunca querría saber nada de Alejo. Cuando mis padres la enviaron aquí, sacándose el problema de encima en todos los sentidos de la palabra, ella se refugió en su soledad y en su hijo. Pero en su corazón anidó el rencor hacia nosotros. Me siento una basura por saber que durante tantos años mi hijo ha crecido sin mi cariño y sin mi protección.
—No te culpes. No podías hacer nada ante lo que desconocías.
—Lo sé, pero la culpa está ahí a pesar de todo. Incluso la última vez que hablé con ella le dejé claro que pensaba que había sido mejor que ese bebé no hubiera nacido. Yo... siempre pensé que ella no quería tenerlo. Por eso intenté convencerla para que no se sintiera culpable. Si ella me hubiera comentado la decisión que había tomado, más allá de mi inmadurez y mis miedos, no la hubiera dejado sola. Habría estado por ellos de la mejor manera posible.
—Me has dejado sin palabras, Pedro. Eres el padre de un niño de siete años. Perdona, pero aún no puedo hacerme a la idea. No me imagino siquiera yo con esa responsabilidad en mis espaldas, pero sé que sabrás sobrellevarla.
—Te asombrarías de lo cambiado que estoy. Lo quise en cuanto lo vi. Antes de que me confirmara la mujer que lo cuida que era mío yo ya lo sabía. Y aunque al principio me asusté mucho y salí corriendo, ahora solo quiero estar a su lado. Estoy muy agobiado por todo; también está todo el papeleo del cambio de nombre. Y lo más importante: ver de qué forma consigo el dinero para todo el tratamiento, porque tengo todo invertido en el restaurante.
—Despreocúpate por eso. Yo te lo doy y cuando te vaya bien me lo devuelves.
—No te lo estoy contando para eso. Te juro que ni se me había pasado por la cabeza pedírtelo.
Solo deseaba compartir contigo lo que me está pasando porque voy a volverme loco con tantos problemas. Aunque Paula es una roca para mí, necesitaba contártelo; a ella no quiero preocuparla. De repente, me siento responsable por todo.
—Me alegra que me hayas llamado. Sabes que siempre puedes contar conmigo, pero me ofende que no hayas pensado en pedirme el dinero. Somos familia, Pedro. Si yo lo necesitase, ¿tú no me lo darías?
—Por supuesto, pero entiéndeme, Alejandro. Se trata de mi autoestima. Necesito saber que puedo ser el sostén de mi familia.
—Mira, no es momento para medir tu suficiencia. Tu hombría no pasa por que aceptes o no ayuda. Tómalo como si en vez de ser yo quien te está dando el dinero, fuese un préstamo bancario. Y déjate de tonterías. Envíame la suma total que necesitas y te hago una transferencia a tu cuenta. Tengo muchas ganas de conocer a mi sobrino. Amelia va a morirse de amor cuando se entere.
—De eso quiero hablarte. Por cierto, ¿cómo está? ¿ha vuelto a tener pérdidas?
—Por suerte todo marcha muy bien. Ya se está empezando a notar la barriga. Estoy tan ansioso...
Continuaron hablando casi otra media hora más, planeando, concertando, ajustando detalles.
—Bien, entonces. ¿Te ha quedado todo claro?
—Sí, quédate tranquilo. Yo me ocupo de cumplir con todo lo que me has pedido. Estoy seguro de que las cosas saldrán a pedir de boca. Nos mantenemos conectados por WhatsApp.
—Gracias Alejandro. Sabía que podía contar contigo.
Wowwwwwwww, qué intensos los 5 caps. Muy buena historia.
ResponderEliminar