CAPITULO 8
«Ella está vestida de fuerza y dignidad, y se ríe sin temor al futuro.» PROVERBIOS 31:25 Paula se había encargado de evitar a Pedro los días posteriores al encuentro en el balcón de La Soledad, y no era extraño que lo hubiera logrado, ya que la casa era lo suficientemente grande para que pudiera hacerlo. La intensa actividad en la finca desde que habían llegado había marcado el correr de los días, razón por la cual el jueves pareció llegar muy pronto. Los organizadores de la boda habían llegado a La Soledad y desde muy temprano estaban preparándolo todo; la casa había perdido la calma que siempre reinaba en ella. Habían comenzado a llegar las flores y todo lo necesario para montar una fiesta a la que asistirían no más de cien personas, el círculo más íntimo de la pareja. Esa mañana Pedro entró en la cocina para desayunar. El aroma a café flotaba en el aire y era ciertamente tentador. Allí se encontró...