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Mostrando entradas de abril 14, 2017

CAPITULO 14

Pedro  subió hasta la planta donde estaban los dormitorios y, pasando de largo el suyo, se paró  frente al de Paula. Ansiaba entrar, tomarla entre sus brazos y consolarla con palabras bellas, pues  sabía lo mal que se había sentido con las locuacidades de su madre. Se apoyó en el quicio de la puerta  y reposó su cabeza en la dura madera; al cabo de un rato, exhaló con fuerza para deshacerse de todo  el pesado aire que inundaba sus pulmones, cerró los ojos y finalmente desistió de la idea. Pero en ese  momento, un grito que partió desde dentro reprimió toda su determinación de irse. —¡No puede ser, mamina, nooooooo! Pedro abrió la puerta y Paulaa, sin pensárselo siquiera, se lanzó a sus brazos y comenzó a llorar,  buscando en su refugio el consuelo y la cura a tanto dolor como sentía. Entonces él le quitó el móvil y, mientras la sostenía, comenzó a hablar con la persona que estaba  al otro lado del teléfono: —Nosotros en este mome...

CAPITULO 13

«Las verdaderas batallas se libran en el interior.» SÓCRATES Los novios habían partido hacía ya un largo rato. Paula lo había evitado por todos los medios y no  habían vuelto a coincidir, razón por la cual el humor de Pedro estaba a punto de explotar: la onda  expansiva podría ser peor que la de Hiroshima. Estaba a punto de amanecer. Los primeros rayos de sol intentaban con valentía resplandecer en el  cielo y todos estaban exhaustos. Los invitados poco a poco se fueron retirando y en la villa solamente  quedaron los más cercanos; algunos permanecían en la sala compartiendo un café. Había sido una fiesta bellísima, y Alejandro y Amelia se habían mostrado tan resplandecientes durante  toda la noche que el esplendor de la pareja había acabado impregnando el ánimo de sus invitados. —Alejandro y Amelia estaban felices. Nunca he visto a mi hermano tan contento como hoy. La fiesta ha  sido preciosa, ¿verdad, mamá? —Sí Nadia, todo ha salido perf...

CAPITULO 12

«Si te caes siete veces, levántate ocho.» Proverbio chino. Crall advirtió que Paula no se había ido de buenas maneras y salió tras ella sin pensarlo. —¿Qué voy a hacer con este amor? —masculló afectada mientras se tumbaba en la cama sin  poder contener los espasmos del llanto. Tras unos instantes, escuchó claramente una voz que le  indicaba: —Te mereces a alguien sin fallos y que te valore realmente. No llores —le dijo Christian mientras  se sentaba en el borde de la cama y le acariciaba la cabeza. Paula escuchó con asombro las palabras que él empleó y se sintió agradecida por la caricia y el  cuidado con que la intentaba confortar. Se sentó y lo miró a los ojos. C.C. abrió los brazos y le  ofreció cobijo; endeble, Paula no se sintió con fuerzas para rechazarlo: apoyó la mejilla en su pecho  y se aferró a él aceptando la contención que le regalaba. Tras unos minutos en que se tranquilizó, y  mientras él le acariciaba la espalda, levant...