CAPITULO 3
Alejandro le besó la coronilla y le dispensó una mirada de reproche a Pedro por sus desafortunados comentarios. Ella sonrió forzada intentando deshacerse de la angustia, pero lo cierto era que Amelia aún recordaba con pesar cada palabra de la conversación mantenida con su madre cuando le informó de que Alejandro y ella se casaban. —No hace ni dos meses del escándalo que protagonizaste con Manuel y, a pesar de lo candente que sigue todo, me dices así, tan fresca, que nos pondrás en boca de todos con una boda que no hará más que remover la vergüenza que la prensa se encargó de retratar con todo lujo de detalles y hasta con fotos de tus moratones. ¿En qué piensas últimamente, Amelia? Parece que disfrutas denostando nuestro prestigioso apellido. —Pienso en ser feliz, mamá, feliz como nunca lo he sido. Pero claro, tú no entiendes lo que es eso porque ahora comprendo que nunca lo has sido verdaderamente. Es increíble, ahora...