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Mostrando entradas de abril 13, 2017

CAPITULO 11

Paula se sentó junto a Eduardo y se sintió triunfadora por haberle dado plantón. Inmediatamente  buscó con la mirada a  Pedro  y su cara se descompuso cuando vio que Becca se había acercado a él. Su  amigo emitió una carcajada de burla que resonó estruendosa. —Perdón, perdón, pero te han arruinado la jugada, y... no puedo contener la risa. —De verdad que eres un gran amigo, Eduardo —apostilló contrariada. —Lo siento. Te juro que lo siento, pero es que has estado tan genial, y... la huerfanita te ha jodido. —Deja de reírte, que...  Pedro  está mirando hacia aquí. Es un idiota engreído. Encima se burla y me  guiña un ojo. Te digo que pares ya, Eduardo, porque te juro que te doy un codazo delante de todos. —Está bien. No lo hagas, por favor, no. Juro que no me río más. —¿Bailamos? —Una sensual voz y un cálido aliento rozó su oído, y Paula se dio la vuelta para  encontrarse con su rostro. Evidentemente sí existía un Dios, y esa...

CAPITULO 10

«Hay grandes hombres que hacen a todos los demás sentirse pequeños. Pero la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes.» CHARLES DICKENS La boda fue muy sencilla pero a la vez elegante, con los detalles justos y desbordando naturalidad, y  sobre todo muy emotiva. Olivia estaba guapísima, muy tranquila y con un maquillaje natural,  perfecto; llevaba unos pendientes de lágrima que Ana le había obsequiado, ideales para el tipo de  recogido del cabello y el escote barco del vestido; en los pies, había elegido unos Jimmy Choo de  rejilla plateada que complementaban muy bien el atuendo. Sus padres le habían regalado un collar de  diamantes y Alejandro un brazalete que combinaba muy bien. Miller no se quedaba atrás en elegancia. Sobresalía impecable con un traje a medida, un modelo  muy sibarita al estilo Savile Row, con chaleco cruzado en color azul marino y de corte ajustado, que  acompañó con camisa blanca, corbata azul y...

CAPITULO 9

«Cuanto mayor la riqueza, más espesa la suciedad.» JOHN KENNETH GALBRAITH Para la hora del almuerzo se había organizado una extensa mesa con todos los que estaban en La  Soledad. Los padres de Amelia habían sido presentados pomposamente y se estaba llevando a cabo un  ensayo de la boda. Paula había intentado sentarse lo más alejada posible de Pedro, al amparo de Curt y Edmond. Esperaba que el tirano tiempo transcurriera pronto y regresar a la seguridad de su mundo, ya que  verlo a diario era verdaderamente una tortura. Se sintió mal de todas formas por pensar así, y  sumamente egoísta porque el momento que su amiga estaba viviendo le causaba cierta envidia. Levantó la vista y se encontró con Alejandro y Amelia, que no paraban de hacerse arrumacos, y sintió  celos por el amor que se profesaban a cada instante; de inmediato se reprendió, sin entender cómo  podía ser tan mezquina después de todos los maltratos por los que había pasado Amelia en...