CAPITULO 6





«Las almas ruines sólo se dejan conquistar con presentes.»
«Si quieres gozar de una buena reputación preocúpate por ser lo que aparentas ser.» SÓCRATES


—Hola, Benji. Me tienes olvidada, pero como verás yo me encargo de recordarte que existo.


—¿Qué quieres, Juliana?


—¿A ti qué te parece que puedo querer?


—Te doy suficiente dinero, pago tus tarjetas, concedo todos tus caprichos.


—Una migaja para la fortuna que amasas. Lo que me das se lo gasta tu esposa en una tarde de compras, por no hablar de lo que significaría que se arruinasen los planes que tienes para tu hijo. ¿Qué crees que diría si se entera de lo granuja que ha sido su padre al fastidiarle los planes con su novia?


—No abuses de mi generosidad y no te pases. No me amenaces.


—Benji, ¿cómo puedes creer que te amenazo? Es solo que me tienes olvidada y no lo soporto, cariño. Tal vez si me hicieras un regalito extra... ¿Sabes? He visto un coche que me gusta mucho y quisiera cambiar el que tengo.


—Es lo último que te concedo: depositaré el dinero en tu cuenta.


—Sé generoso, Alfonso. Así no tendré que molestarte tan a menudo.


—Te he dicho que es lo último. Lo que te doy mensualmente es más que suficiente.


—Yo decido qué será lo último. El apartamento que me has comprado no se mantiene solo, y mi forma de vida ha tenido cambios sustanciales; además, quiero verte.


—Juliana, estás abusando.


—Cariño, no quiero pensar que me usaste. Me hiere pensarlo. Antes de que consiguieras, con mi ayuda, que Pedro se alejara de esa chica, eras más generoso conmigo, y juntos nos divertíamos mucho más que ahora. Me siento recluida en este apartamento; me alejaste de la empresa porque Pedro no debía verme allí y, por si fuera poco, me privas de ti. ¿Cuándo me vendrás a ver?


En aquel momento Geraldine entró en la sala.


—De acuerdo, hablo con mi administrador para que obtenga su pago cuanto antes y así podamos finiquitar la transacción. Con respecto a su cita, mañana mismo le digo a mi secretaria que haga un lugar en mi agenda para concedérsela, y así tratamos esos temitas pendientes.


—Cómo me gusta pensar que ella está cerca. Me excita y sé que a ti también —se rio sonoramente —. Por cierto, me he enterado de que estuvo en California de compras por Rodeo Drive, y me dieron muchos celos; yo también quiero comprarme ropa allí. Después de todo, lo merezco más que ella y estoy segura de que nada de lo que se pueda poner le quedará como a mí.


—Eso es indiscutible.


—Me gusta saber que no te hace tan feliz como yo. No seas malo, ven a verme pronto, ¿adivinas, Benji, dónde tengo mi mano en este momento? Sí, cariño, oigo tu respiración y te aseguro que no te equivocas. Está exactamente donde te la estás imaginando. No sabes lo húmeda que estoy, y es por ti; estoy segura de que tu entrepierna en este momento también está palpitando.


—Un placer seguir haciendo negocios con ustedes. Nos vemos muy pronto.


—Ven esta noche. Añoro dormir junto a ti. Estoy segura que tú también añoras aferrarte a unas caderas firmes y no a su carne fofa y caída. Me vestiré tan solo con unas gotas de tu fragancia preferida, y no tendrás que dormir rodeado del aroma a cremas anti-age.


—Buenas noches. Mi secretaria lo llamará.


—Te estaré esperando, Benji, como siempre. Dime si vendrás.


—Perfecto, lo haré —le contestó en un tono neutro (Benjamin Alfonso era muy bueno disimulando).


—¡Qué feliz me haces, cariño! Estoy ansiosa por que llegues. No vengas muy tarde. ¿Quieres que te espere para cenar juntos?


—No es necesario.


—Oh, me hubiera hecho ilusión. Está bien, pero que no sea muy tarde, ¿eh?


—Haré todo lo posible. Adiós.






Comentarios