CAPITULO 4
—Amelia, uno, dos, tres, probando comunicación y regresando a la tierra —bromeó Pedro intentando traerla de regreso a la realidad.
—¿Cómo?
—¿En qué pensabas, hermanita? Alejandro y yo estamos charlando, pero tú por lo visto estás a años luz de aquí.
—Lo siento, me he quedado colgada. ¿Qué decíais?
—Tu hermano me estaba contando que quiere volver a estudiar —dijo Alejandro.
—¿En serio? ¡Guau, qué sorpresa escuchar eso!.
—Sí, quiero obtener un título y quiero impulsar mi propio negocio... no sé en qué campo todavía, pero necesito invertir mi dinero en algo que me garantice el futuro cuando ya no pueda subirme a una pasarela ni protagonizar campañas publicitarias. La juventud no es eterna y los años pasan con celeridad.
—Pedro Alfonso, lo escucho y no lo creo: ¿estás diciéndome que quieres sentar cabeza?
—Va siendo hora, ¿no crees?
Amelia miró disimuladamente hacia Paula. Estaba segura de que, aunque se empeñara en mostrarse desinteresada, había oído la conversación. Ahora bien, seguía claramente en su postura, sin mostrar ningún síntoma de haber escuchado nada. Pedro también la miró con disimulo al advertir hacia dónde iba dirigida la mirada de Amelia, pero se encontró con la misma pared de cemento contra la que se estrellaba últimamente con mucha frecuencia. Volvió a mirar a su hermana y apretó los labios mientras se encogía de hombros.
—Jódete —le dijo Alejandro bajito solo para que ellos tres escucharan.
—Lo sé —contestó apenado y sin preocuparse por disimular.
Comentarios
Publicar un comentario