CAPITULO 62
«La obra maestra es una variedad del milagro.» VICTOR HUGO.
El día tan esperado había llegado.
Elisa estaba con Alejo, y Pedro, naturalmente, junto a Paula, acompañándola a dar a luz a su hija. En la sala de espera estaban Eduardo, Alejandro, Amelia y la pequeña Emma, de apenas tres meses, para acompañarlos en la medida en que pudieran. Era un día que ninguno se quería perder.
Por la mañana habían ingresado a Paula en el hospital y ya estaba lista para empezar con la inducción al parto.
El doctor Applewhite le había hecho poner una infusión intravenosa de oxitocina, la hormona que normalmente produce el cuerpo para que el parto se produzca espontáneamente. Entonces las contracciones comenzaron y, como estaba previsto, Paula recibió la epidural.
El trabajo de parto fue algo largo, pero finalmente, a las 16:40 horas, nació Belen, una hermosa niña morena de 3,200 kg que no paraba de chillar. De inmediato, la pusieron en el pecho de Paula, que también lloraba. Pedro, con un nudo en la garganta, estaba embelesado viendo a sus dos mujeres.
Suspiraba por abrazar a ambas y llenarlas de besos sin parar.
En cuanto pudo, consumó su anhelo.
—Gracias, eres muy valiente.
—Te amo. Es preciosa. Creo que se parece a su madre. Tiene el mismo color de cabello que Becca.
—Sí, se parece a Rebecca. Creo que no ha sacado nada de mí.
—Hola, Belen, por fin nos conocemos. Te prometo que siempre te querré como si fueras mi propia hija. Eres preciosa, ¿sabes?
Pedro, a pesar de la emoción, se encargó de grabar en vídeo todo el momento.
El doctor Applewhite, mientras tanto, ya había pinchado el cordón y estaba recolectando los millones de células madre que estaban en este y que serían colocados en Alejo como fuente de esperanza y de vida.
Después de que la recolección terminara, asearon a la pequeña y la pusieron en brazos de su padre, que la miraba totalmente cautivado. Paula, por su parte, los miraba a los dos fascinada. Sentía en su pecho un amor indescriptible.
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