CAPITULO 42




«La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito.» RALPH WALDO EMERSON



El viernes, Pedro y Paula se reunieron con el agente inmobiliario y un notario, y tras algunas firmas, la propiedad en el ONE57 pasó a manos de Pedro. Paula se negó rotundamente a que la pusiera a nombre de los dos, y Pedro terminó aceptando resignado.


El lunes recibió la noticia de que había aprobado la tesis y también comenzaron las entrevistas para conseguir el crédito para montar el restaurante; de modo que Pedro tuvo una tarde muy ajetreada pero muy positiva. Paula, por su parte, ya había empezado a contactar con varios decoradores de interiores, a quienes les había presentado el esbozo del proyecto; también se encontraba en tratos con
un escultor que sería el encargado de plasmar la réplica del gran Poseidón, hermano de Zeus, dios del mar y de las tempestades, y uno de los doce dioses que habitaban el Olimpo en la antigua Grecia.


Dicho escultor también sería el encargado de recrear una réplica de la ciudad perdida de Atlántida, que según los escritos de Platón había sido construida por Poseidón para proteger a su amada Clito, una mortal de la que se había enamorado perdidamente. La réplica estaba concebida para que ocupara un lugar preponderante dentro de un acuario artificial que construirían en una de las paredes del restaurante y que simularía la ciudad perdida.


Era de noche. Paula estaba en la cocina preparando la cena, mientras que Pedro se encontraba sentado a la mesa del comedor, cubierta por presupuestos y panfletos de publicidad. También había los libros de historia que Paula estaba estudiando para recrear en el restaurante la antigua 
Grecia a la perfección.


—Toma una copa de vino.


Pedro aceptó la bebida mientras estiraba sus músculos y su columna tras recibir gustoso un beso suyo.


El sonido del timbre envolvió el lugar. Debían de ser Alejandro y Amelia, a quienes estaban esperando.


Apenas entraron, no pasó inadvertido el desorden sobre la mesa.


—¿En qué estáis metidos vosotros dos? —indagó Alejandro de inmediato— ¿Por qué tanto interés en que vengamos?


Pedro y Paula les relataron todo con pelos y señales, y Amelia y Alejandro no pudieron ocultar el asombro por el proyecto que tenían en marcha. Incluso Amelia resaltó orgullosa el ingenio de Paula y la erudición que demostraba su hermano, ya que parecía muy seguro de todo cuando les explicaba cada cálculo. Por supuesto, también reinó la alegría al saber que Pedro había aprobado su tesis.


—Lo cierto es que estoy rebosante de ganas y curiosidad. Deseo que todo esté en marcha lo antes posible. Quiero ver el sitio donde estará emplazado El Templo. ¿Qué tal si dejamos la cena para luego? —sugirió Amelia entusiasmada.


—Sí, opino igual. Vayamos a verlo y cuando regresemos cenamos —apoyó Alejandro a su esposa.


Los cuatro salieron sin más demora del apartamento de Paula y pusieron rumbo al ONE57.


Pedro soltó un hondo y tenso suspiro, y su mirada arrogante por naturaleza cobró un viso de alivio cuando entraron en el lugar y Amelia y Alejandro no dejaron de felicitarlos. Paula apretaba su mano y no paraba de hablar y dar explicaciones para indicarles dónde estaría dispuesta cada cosa.


Pedro, amigo, no puedo creer el sitio que has hallado. Esto es un éxito asegurado.


—¿De verdad os gusta?


—Sí, hermanito. Me muero de ganas por ver la modernidad de este sitio combinada con el arte y las reminiscencias de la antigua Grecia. Me siento sumamente orgullosa de ti, y muy agradecida, Paula, por este cambio que has generado en él.


—Yo... yo no he hecho nada.


—Sabía que ambos os complementaríais a la perfección. Tardasteis en decidiros a ceder a la atracción que sentíais.


Pedro pasó la mano por la cintura de Paula y la atrajo contra su costado. Besó su sien tras escuchar las palabras de su hermana.







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