CAPITULO 37




Pedro, me gustaría hablar contigo.


—La verdad es que no me apetece hacerlo. Dejemos las cosas como están, Rebecca.


—Quiero pedirte disculpas. —Alejandro se apartó para dejarlos solos—. Me he portado como una estúpida esta mañana. Es que me han superado los recuerdos. Deberías saber que, aunque han pasado casi ocho años, aún los llevo muy frescos en mi pecho.


—Tengo pareja, Becca, y soy muy feliz al lado de Paula.


—Lo sé. Sé que no tengo posibilidades, y no sabes cuánto lo siento. Además, los años te han sentado muy bien, y... estás aún más guapo, lo que dificulta la tarea de enterrar los recuerdos.
»Cuando regresé a Estados Unidos pensé que estaban totalmente enterrados en el fondo de mi corazón, pero al verte todo se volvió extraño y me he dado cuenta de que no te he olvidado.


Él sacudió la cabeza negando.


—Siempre lamentaré haber sido tan cobarde. Nunca sabremos si podríamos haber funcionado juntos.


—Nuestro hijo o hija ahora tendría siete años.


—No tiene sentido esta conversación.


—Seamos amigos, por lo menos; por lo que tuvimos, por lo que pudo nacer fruto de nuestro amor; al menos, ahora comportémonos como adultos y hagamos bien las cosas, ya que antes no las hicimos. Si necesitas que me disculpe con Paula, puedo hacerlo.


—Mejor no. Está bien así.


—¿Aún podré tener el reportaje para mi revista?


—Déjame ver cuándo estoy libre y te aviso.


—Gracias.



****


Minutos después, Pedro fue por Paula para marcharse.


—¿Adónde vas, Pedro? Voy a cortar el pastel y luego tenemos que hacer las fotos familiares —lo abordó Geraldine.


—Puedes hacer todo eso sin mí, Geraldine. Ya me han visto, ya he cumplido con mi presencia. Invéntate algo.


—Solo un rato más. ¿Tanto sacrificio es cumplir con tu madre?


La miró para tratar de encontrar un ápice de verdad en el fondo de sus ojos, pero su mirada era de hielo, como siempre.


—¿Quieres una foto familiar? Bueno, aquí estoy con Paula —levantó su mano, de la que iba cogido, y se la besó—. Ponte y que nos retraten. —Su madre se quedó mirándolo fijamente—. ¿Qué pasa? Querías una foto familiar. Te estoy dando la oportunidad de tenerla antes de que me vaya. —
Las palabras irónicas contenían una ambigüedad que sonaba claramente a advertencia.


—Está bien. —Geraldine había aceptado el desafío, pero conociéndola, Pedro sabía que no lo dejaría ahí—. Busquemos a tu padre y al resto de la familia.


Reunieron a todos, pero era obvio que Geraldine Mayer no iba a quedarse tranquila y a aceptar a Paula de buen grado.


—Ven, cariño —le dijo a Rebecca—. Saquémonos unas fotos familiares.


Pedro sonrió y presionó contra el refugio de su cuerpo a Paula, absorbiendo su calor. Su perfume le dilató las ventanas de la nariz y ella se sintió protegida aunque expuesta; ansiaba que Pedro, de una vez por todas, comprendiera que, por más que hiciera, nunca la iban a aceptar.


Los fotógrafos sacaron varias imágenes y fueron cambiando de posición. Pedro evitó quedar junto a Rebecca. Finalmente, Geraldine consideró que era suficiente y los fotógrafos se detuvieron.


—Una foto más contigo, madre —solicitó Pedro mientras la cogía por sorpresa.


—Oh, por supuesto, cariño.


Paula quiso apartarse.


—Tú también. No te vayas. —La tiró de la mano, al tiempo que abrazaba a su madre por detrás y le hablaba al oído—. No te has dado cuenta. Te has sacado fotos con Amelia y Alejandro, y, sin embargo, no lo has hecho con nosotros. —La besó en el cuello y sus cejas se curvaron en un burlón desafío—. Sonríe y respira, Geraldine. Finge que estás feliz. Sé que sabes hacerlo muy bien.


Pedro se situó entre medio de ambas y las cogió por la cintura. Le hizo un guiño a Paula y posó para la foto muy feliz.







Comentarios

  1. Excelentes los 3 caps. Seguro los padres y Rebecca tienen algo q ver con el camarero.

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