CAPITULO 59
Habían pasado cuatro meses desde que su existencia había cambiado de forma drástica. La vida les había enseñado a ser precavidos y a vivir al día. Por eso mismo, como se supone que los riesgos de que el embarazo no siguiera su curso son más grandes durante los primeros meses, Pedro y Paula habían decidido esperar a entrar en el segundo trimestre para hablar con Alejo de su hermanita.
Debido a que era un bebé «de diseño», ellos ya sabían el sexo.
Esa noche, Alejo les había pedido si se podía quedar un rato con ellos en la cama antes de irse a la suya. Así que les pareció oportuno hablar con él.
—¿Y ella será mi hermanita, aunque esté en tu barriga?
—Ella está en mi barriga, pero yo solo soy el envase donde crecerá hasta que sea lo suficientemente grande y pueda nacer; de todas formas, aunque esté aquí ella en realidad es la hija de tu madre y de tu padre, igual que tú.
—¿Cómo es posible? Si es la hija de mi mamá y de mi papá, ¿por qué está en tu barriga?
Paula y Pedro habían hablado muchas veces de cómo se lo explicarían cuando llegara el momento; incluso habían consultado con la psicóloga. Sin embargo, se habían dado cuenta de que no existían frases mágicas para hacerlo. La especialista les había dicho que no entraran en demasiados detalles. También les aconsejó que no lo bombardearan con datos y que únicamente fueran contestando de manera sencilla y acorde a su lenguaje lo que él les preguntara. Entre otras cosas, les sugirió que no tuvieran vergüenza de nombrar sus partes sexuales, porque los niños a la edad de Alejo se tomaban eso con mucha naturalidad.
—Para explicarte eso, primero debo explicarte cómo se hace un bebé. ¿Tú sabes cómo se hace un bebé?
—No, no sé cómo se mete un bebé en la barriga de las mamás. ¿Puedes explicármelo, papá?
—Es fácil. Un bebé se forma en la barriga de la mamá cuando ella y el papá se encuentran, ambos sienten amor y deseo de besarse y de acariciarse mucho, y entonces en ese momento el papá pone una semillita que sale de su cuerpo en la vagina de la mamá.
—¿La semillita sale de la boca?
—No, sale del pene. Entonces esa semillita viaja y se encuentra con un huevito que las mujeres poseen dentro de su barriga y allí se unen y se forma el bebé.
—Ah, es fácil.
—Pero también hay otras formas para que un bebé entre en la barriga de una mamá —dijo Paula ayudando con la explicación—. Esa forma que ha dicho Pedro es la forma en que normalmente se hacen los bebés. Así es como te hicieron él y tu mamá.
—¿Y de qué otra forma se puede meter la semillita?
—Cuando tú enfermaste —empezó a decir Pedro—, el doctor Rogers, que estudió para intentar sanar a los niños con leucemia, le contó a tu madre que existía una posibilidad de poder curarte poniendo un poco de la sangre sana de un hermano tuyo dentro de tu cuerpo. Así, tu médula comenzaría a funcionar normalmente. Sin embargo, eso no era posible porque tú no tenías un hermanito, y, además, tu madre y yo ya no estábamos juntos para hacer uno porque estuvimos separados mucho tiempo. ¿Recuerdas que eso te lo conté? —El niño asintió con su cabecita calva—. Entonces, ella fue a Estados Unidos a buscarme, pero como yo ahora tenía otra novia no quería darme besos y acariciarme con ella y ella tampoco quería hacerlo conmigo porque había pasado mucho tiempo sin vernos y ya no teníamos deseo. Así que decidimos buscar una forma en la que no tuviéramos que hacerlo nosotros sino los doctores.
—¿Y cómo lo hicieron los doctores?
—Ellos utilizaron unas pinzas especiales y sacaron el huevito que estaba dentro del cuerpo de Rebecca. De otra forma especial se sacó mi semilla, y luego, en el laboratorio, los doctores se encargaron de unirlos, para a continuación, con otras pinzas especiales, poder colocarlos dentro del vientre de tu mamá.
—Cuántas cosas saben hacer los doctores.
—Para eso estudian, hijo. Para aprender cómo hacerlo.
—Pero... ¿y por qué está en la barriga de Paula, entonces?
—Porque los doctores no llegaron a tiempo de ponerlo en la de Becca. Iban a hacerlo justo cuando ella tuvo el accidente, pero como no pudieron curarla ese bebé se quedó sin una barriga donde crecer.
—Entonces, yo le dije a Pedro que le prestaba la mía para que el bebé de tu mamá y de él naciera y te curara.
—Ahora entiendo. Los doctores lo pusieron en tu barriga.
—Exacto.
—Pero... si las mamás llevan los bebés en la barriga, ¿tú serás su mamá?
—Seré su madre del corazón pero no su madre biológica, porque el huevito con el que fue formado no es el mío. De todas formas, como quiero mucho a tu padre y tú y tu hermana viviréis con nosotros, yo os querré mucho a los dos, como si fuerais mis hijos. Si tú quieres, yo también puedo ser tu mamá del corazón. Así, tú también tendrás dos mamás, como tu hermanita.
—Lo pensaré. Luego te digo si quiero tener otra mamá además de la que tengo en el cielo.
—De acuerdo. Decídelo tranquilo. Lo que decidas me parecerá bien.
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