CAPITULO 58




«Nunca será tarde para buscar un mundo mejor y más nuevo, si en el empeño ponemos coraje y esperanza.»
LORD ALFRED TENNYSON




Paula despertó con mucha sed, pero cuando estaba a punto de bajarse de la cama recordó que antes de hacerlo debía tomarse la temperatura basal. Mientras aguardaba que el termómetro arrojara un resultado, contempló a su esposo, que dormía plácido a su lado. Junto a él lo hacía Alejo, que de noche se había ido con ellos porque había tenido una pesadilla.


Adormilada aún, se refregó los ojos antes de mirar el termómetro. Se levantó de la cama intentando no hacer ruido para no despertarlos y se fue a leer el resultado al baño, donde podía encender la luz. Leyó, y de inmediato se fue a buscar la hoja donde anotaba diariamente para comprobar que no estuviera equivocada.


El corazón le martilleó frenético al comprobar que estaba en lo cierto.


PedroPedro, despierta. Ha subido la temperatura.


—¿Qué? ¿Tienes calor? Destápate.


—Hombre tenías que ser. Te digo que ha subido mi temperatura. Estoy en la etapa lútea. Debemos llamar al doctor para que prepare todo para el implante embrionario.


Pedro se sentó de golpe en la cama.


—Chis, despertarás a Alejo.


—Perfecto, Paula. Os espero mañana para realizar el procedimiento. No olvides ponerte las inyecciones de progesterona y mañana te diré cuándo debes retomar las aplicaciones. Recuerda no utilizar perfumes, cremas ni esmalte de uñas, ya que estos son tóxicos para los embriones. Y estate tranquila. Es indispensable que lo estés.



*****


Llegaron al hospital, donde el doctor Applewhite los esperaba. Antes de bajar del coche se abrazaron y se besaron para darse fuerzas el uno a la otra. En la consulta, la asistenta del médico los hizo entrar a cambiarse y ponerse ropa estéril.


—Hola, Pedro, Paula. Llegó el día. Sé que estáis nerviosos.


—Ni se imagina —contestó Pedro.


—Tranquilos. ¿Has traído la música que quieres escuchar? —le preguntó a ella.


Pedro la tiene en su móvil.


—Bien. Ponla, Pedro. Así, mientras Paula se tumba, comenzamos a relajarnos y a crear un buen ambiente.


Sonaba Run. La asistente del médico la cubrió con una sábana y la acomodó en la camilla. Acto seguido, le levantó la bata y le puso gel en el vientre para poder hacerle una ecografía durante el procedimiento. Pedro estaba a su lado y le sostenía la mano. Se inclinó y le dio un suave beso en los labios.


—Bonita canción —dijo el doctor—. Me gusta Snow Patrol.


Ya estaba listo sentado frente a ella. Encendió la luz, se puso las gafas y le habló:
—Sé que tenéis un nivel de ansiedad enorme y que la sobrecarga emocional es infinita, pero si no lo logramos en el primer intento lo seguiremos intentando. Recordad que no es la única oportunidad para poder conseguirlo.


Ella asintió con la cabeza. Pedro casi ni respiraba.


El procedimiento fue muy rápido e indoloro, como el médico les había dicho. Tras finalizar, Paula tuvo que estar quince minutos sin moverse.


—Eso es todo, Paula. Hoy tendrás un día sosegado. Ahora ve a descansar. Haz reposo por hoy — le indicó—, y luego vida normal, pero tranquila: nada de deportes, ni de sumergirte en el agua, y abstinencia sexual hasta que realicemos el primer test de embarazo. Dentro de cuatro horas comenzarás nuevamente con las inyecciones de progesterona. En caso de sangrado abundante, fiebre, dolor pélvico o sangre en la orina, me llamas de inmediato. Si todo sigue bien, te veo en catorce días para que hagamos la prueba de sangre y veamos si encontramos la Beta HCG, que nos confirmará el embarazo. Sé que soy reiterativo, pero no olvides aplicarte las inyecciones de progesterona a diario.


—Así lo haré. Tomaré todas las precauciones que me ha indicado.


—Bien, eso es todo. ¿Habéis visto que era más el susto que otra cosa? Ahora, a manejar los niveles de ansiedad. Podéis ir a cambiaros y salir por la otra puerta.


—Muchas gracias por todo, doctor Applewhite.


Pedro le extendió la mano y él lo palmeó en la espalda. A Paula le dio un beso en la mejilla para despedirla.



*****


Por la noche estaban en la cama abrazados y nerviosos. 


Pensar a catorce días vista parecía una eternidad.


—Esto será muy difícil.


—Lo sé, pero lo superaremos. Superaremos todo.


—Quisiera tener la confianza que tienes tú. —Él le besó el pelo mientas le acariciaba lánguidamente el brazo.


—Y pensar que quizá ya está empezando a tener lugar un embarazo en mi barriga...


Pedro le acarició el vientre.


—Por favor, que todo resulte en el primer intento. Quiero que tengamos una vida normal, que Alejo pueda tenerla. Estoy agotado de vivir con la vida en un puño, entre el restaurante, el modelaje, los viajes entre Londres y Nueva York, vosotros aquí y yo allí.
»Antes viajar no me importaba. Ahora solo deseo estar a vuestro lado todo el tiempo. Por momentos me siento sin fuerzas. La incertidumbre ante todo esto me está matando. Nuestra vida habitual se ha convertido de pronto en otra sin horarios, sin creencias, plagada de temores, de medicamentos, de ingresos interminables en el hospital. Poco a poco nos vamos convirtiendo en expertos en la aspiración de médula, en intratecales, y me asusta todo lo que aún nos tocará descubrir cuando llegue el momento del trasplante, al que tengo pánico. Te juro que no doy más de mí. No anhelo una vida perfecta, aunque para mí lo sería solo con saber que está curado.


—Lo sé, mi amor, lo sé. Pero es lo que nos ha tocado vivir. No es posible volver atrás y cambiar las cosas, pero estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para que tenga un buen final.


Era el día quince. Paula estaba aguardando que el médico la llamara para darle el resultado de la prueba beta. Estaba sola en Londres con Alejo y con Elisa, porque Pedro había tenido que viajar a Nueva York por trabajo.


Su teléfono sonó, pero era un mensaje. En cuanto desbloqueó la pantalla, comprobó que era del doctor Applewhite.


Hola, Paula. Sé que leer las palabras surte mejor efecto que escucharlas.


Doctor Applewhite, estoy preparada para lo que sea que tenga que decirme.


El resultado es un tremendo POSITIVO.


Paula comenzó a llorar de manera incontenible. Hacía días que estaba muy sensible. Incluso también había notado que las mamas le dolían, pero no quería ilusionarse porque más que eso no sentía nada diferente en su cuerpo.


¡Oh, Dios! Este es el primero de los milagros que necesitamos.


¡¡Felicidades!! En diez días os espero para la primera ecografía.


Allí estaremos. Muchas gracias.


Paula se encerró en la habitación y allí se tiró en la cama, levantó su camiseta y se acarició la barriga.


—Becca, dondequiera que estés, quiero contarte que hemos logrado el primer paso. Falta menos.
Sé que yo no era santo de tu devoción y que fui una piedra en tu camino, pero quiero que sepas que cuidaré de tus hijos y los querré como si fueran míos. Prometo también que les hablaré de ti. Ellos siempre te recordarán porque me encargaré de que así sea. Jamás permitiré que te olviden.
»Ahora que ya te lo he contado, es tiempo de avisar al padre.


Fue hacia el baño, tomó un delineador de ojos y dibujó en su barriga un corazón, junto al que escribió:
HOLA PAPI!!
SOY TU SIGUIENTE PROBLEMA.


Hizo una foto y se la envió por WhatsApp a Pedro. Luego se tiró en la cama a esperar a que él le contestara.


Él la llamó.


—He hecho parar la sesión fotográfica. Estoy en el baño y tengo ganas de gritar y contarles a todos; estoy temblando. Querría estar ahí contigo. No puedo creer que lo hayamos logrado al primer intento.


—Y yo no puedo parar de llorar desde que el doctor me ha enviado el mensaje para confirmármelo. Estoy feliz. Nuestro primer sueño hecho realidad.


Habían pasado dos meses y, poco a poco, todo iba resolviéndose. Alejo ya tenía el apellido Alfonso y la abogada, junto con la filiación nueva del niño, le había hecho entrega a Pedro de una carta para el bebé engendrado por fecundación in vitro, a fin de que cuando este tuviera edad suficiente él se la leyera.





Comentarios