CAPITULO 15





«Siempre me ha encantado la perspectiva de un nuevo día, una nueva oportunidad, un inicio más, quizá con un poco de magia esperando en algún lugar de la mañana.»
J.B. PRIESTLY


—¿Cómo que te vas? ¿Adónde?


—Hace tiempo que soy adulto y que he dejado de dar explicaciones. No entiendo desde cuándo te preocupa dónde vaya o deje de ir. Además, deja de hacer planes por mí.


Pedro —explicó su padre en tono conciliador—, tu madre y yo pensábamos que como nos comentaste que tenías tiempo libre, tal vez tendrías ganas de pasar unos días con nosotros en Fort Lauderdale. Además, Becca acaba de llegar y... sería bueno que la ayudásemos a instalarse. Creo que tu compañía sería adecuada para aclimatarse después de tantos años fuera del país. Podríais salir a navegar. Tu velero está atracado en el muelle y le he hecho algunos cambios. Me gustaría que lo vieras, hijo. Antes te gustaba mucho embarcarte. Por eso lo he mantenido y lo he arreglado para cuando decidas volver a usarlo.


—Lo siento. La abuela de Paula está en cuidados intensivos y no quiero que viaje sola. Así que la acompañaré.


—No puedo creer que esa chica tan vulgar te maneje de esta forma.


—Geraldine, creo que anoche fui lo suficientemente claro acerca de cómo debéis referiros a Paula.


—Yo también fui muy clara: no puedes ser tan necio, Pedro.


—Esto es un cuento de nunca acabar. Jamás nos entenderemos. Por una vez en la vida, ¿tanto os cuesta apoyarme en lo que decida?


—Es que tú siempre tomas el camino equivocado. Esa chica solamente busca tu dinero, ¿no lo entiendes?


—¿Cómo puedes hablar así, si no la conoces? Nunca te has tomado el tiempo para saber por qué la elegí. Siempre estás prejuzgando. ¿Tan poco crees que valgo para pensar que una mujer solamente se puede acercar a mí por la fortuna de mi familia?


—Si fuese una chica...


—Ten cuidado con lo que vas a decir, te lo advierto.


—¡Basta los dos! —voceó Benjamin Alfonso—. Geraldine, Pedro tiene planes y debemos aceptarlos. Sabemos además que cuando se le mete algo en la cabeza no hay quien lo haga desistir.


—Soy adulto, papá. Hace tiempo que tomo mis propias decisiones. Equivocado o no, soy el dueño de mi propio destino. Vivid vuestra vida y dejadme en paz.


Pedro salió de la sala rumbo a la cocina. Los Alfonso ya estaban dispuestos a partir. Solo esperaban a Becca.


—¿Por qué es tan necio?


—Geraldine, te he dicho que yo me encargaré de todo. Deja que tenga uno de sus últimos berrinches. Te aseguro que muy pronto todo cambiará y Pedro estará en el sitio adecuado y con la persona conveniente. Es hora de que afronte verdaderas responsabilidades. Deja todo en mis manos y no te pelees más con él. Sabes que no funciona así.


—Pero es que crispa mis nervios. Ya no es un adolescente. Debe empezar a entender que lo necesitamos a nuestro lado.


—Pronto estará a nuestro lado. Te lo repito: deja todo en mis manos.


—No puedo creer que le haga este desplante a Becca. Qué vergüenza. Tendremos que decirle que no vendrá y que se irá con esa oportunista.


—Cálmate, mujer. Te prometo que antes de lo que esperas Pedro estará en Fort Lauderdale. Cuando lo tengas en tu casa no lo podrás creer, ya verás.







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